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No tenia el animo alto, he bajado al club-gimnasio y las ganas de iniciarme en el esfuerzo monótono y rutinario de las maquinas estaba mas que mermado, estaba solo, un tanto ido de pensar, me siento sobre un banco que cruza las estancia y miro aburrido y de soslayo la figura que se refleja en el espejo que se sujeta a la pared, veo un individuo que me mira con el mismo entusiasmo que yo estoy sintiendo en esos momentos, sus facciones me son familiares, pero no le reconozco, el paso del tiempo ya agrietan un tanto su rostro, su pelo es gris y abundante, el también me mira con ironía y curiosidad, sus ojos se adornan de pequeñas bolsas y su cara muestra el rigor del afeitado reciente, viste ropa deportiva con pretensiones juveniles, me mira intensamente como si quisiera adivinar algo en mi, por mi mente cruza un pensamiento que transforma mi animo en positivo y me transmite ganas suficientes para abandonar la inopia y ponerme a entrenar con cierto entusiasmo.

Entrenando me he sentido bien, el numero de series y repeticiones en los distintos aparatos los hago con rigurosidad matemática, de esta forma el resultado se optimiza mas que cuando aplico la anarquía que en cantidad de ocasiones son recurrentes en mis éntrenos.

Me sentía satisfecho con la sesión y me digo, intenta correr por la calle, inténtalo al menos, prueba sensaciones, venga ánimo, no tengas miedo hombre. Salgo y empiezo a trotar, muy despacio, despacio pero veo que voy, el talón me duele, la pierna se resiente por la falta de fuerza, de un momento a otro parece que me voy a caer, pero voy, han sido solo unos metros, breves pero intensos, muy intensos. Vale.
Maratonianoyo