Esta mañana temprano me fui a buscar la rivera del Jarama, mi intención hacer unos sesenta kilómetros hasta llegar a Aranjuez, sorteando caminos por las vegas de San Martin de la Vega hasta llegar a Titulcia, este trayecto es agradable y fácil, todo llano con tendencia a bajar y rodeado de altos maizales regados por inundación.

Una vez en Titulcia buscas la rotonda del sur de donde sale la vía pecuaria que te lleva a Aranjuez, aquí en principio me he confundido de camino y he tomado uno que te lleva a las huertas, en el lugar encontré un hombre que regaba metódicamente su tajón y por suerte le pregunté si este era el camino que llevaba a Aranjuez, de forma afable aunque sin entusiasmo, me dijo, “pa mi que le han encaminao mal, mu mal, tienes que volver a la carretera e ir hasta aquel claro que forman los arboles y una vez allí sigues el camino que baja y ya no lo dejes, ni por los caminos que te salen a la derecha ni tampoco los que te salen a la izquierda”, pues muchas gracias por su información, aquí se agachó refunfuñando y no me dijo nada mas, parco en palabras el hombre pero certero.

En el claro entre los arboles encuentro el camino que está perfectamente señalizado como vía pecuaria, a buena marcha y en pocos kilómetros me pongo en el puente largo que anuncia la cercanía del real sitio, sigo a la izquierda por la vía pecuaria que circula entre los paisajes de rastrojos y secarrales, cuando subes la cumbre de La Montaña, a tus pies, se derrama una enorme arboleda que envuelve gran parte de la ciudad, una maravilla, es una delicia rodar por esas infinitas sombras, he buscado un frondoso álamo bajo el cual he restaurado mi organismo con frutas, dulces y agua.

Tres riveras he andado hoy la del Jarama, Tajuña y Tajo, ha sido un recorrido reconfortante, el regreso es mas costoso, aunque siempre reparas en algo que en la ida no fuiste capaz de captar o apreciar lo suficiente. Vale.