Cuando amanecía ya se preveía que el día pintaba caluroso, no se movía ni una brizna de viento y el fresquito mañanero no existía, con diligencia empiezo los preparativos para salir a buscar una ruta que me ocupe la mañana, mi manager se va a esas horas a trabajar, me ve y con su normal peculiaridad empieza a darme la charla, no es que le haga mucho caso pero ella tiene que apostillar sus frases ya hechas con, “si corres eres el que más corre, si montas en bicicleta el que más kilómetros hace, descansa hombre, quédate en casa”, si, si, no te preocupes me quedo, adiós, uff… piensa que me voy a perder por esas montañas y caminos.
Me voy por los campos de la zona de Morata, por estos campos he encontrado alguna que otra viña, que me recuerdan bastante lo campos manchegos, como ya se preveía el sol empieza a hacer efecto en mi mollera por lo que decido tomar algo bajo un chaparro y una vez nutrido emprender el retorno sin mucha demora.
Días atrás he pinchado dos veces seguidas, entonces decidí hacer un cambio radical de neumáticos y usar cámaras que llevan en su interior un líquido que tapan el posible pinchazo, desde entonces no he vuelto a tener ninguna incidencia de este tipo, por suerte, porque son nuevos o porque son efectivos.
Ya de regreso a lo lejos entre la vegetación veo una chimenea que sobresale de lo que parece ser un tipo de vivienda, decido buscar como ir hasta el lugar y realmente es sorprendente lo que he encontrado, una pequeña casita que está rodeada totalmente por arboles de distinto tipo formando una simbiosis total, curioso. Vale.
