Estaba preparando la ruta del día para salir con la bici y en mi cabeza solo rondaba lo de probar la carrera a pie, me sentía tan bien que me he convencido de que era el momento propicio para correr, sin mas preámbulos cambio la ropa de entreno de ciclismo que ya tenia preparada por la de carrera y cargándome la mochila dejo atrás los miedos que hasta ahora sentía y al estadio a correr sobre el césped y ver que me depara.
Abrir la puerta del club y seguir la rutina de tiempos pasados aceleran mi ritmo cardiaco y la premura se hace notable en la preparación de mi equipación, ya maqueado me dirijo hacia el césped con un trote que me devuelve el sentido de responsabilidad y las ganas de hacer kilómetros.
Que ganas tenia de calzarme las zapas de entreno, en el césped empiezo a trotar con suavidad y bastante precaución, empiezo a dar vueltas por el lateral del campo, donde mas alto está el césped, trescientos metros trotando, cien andando, me siento a gusto, no siento dolor pero no quiero acelerar el ritmo, ya pasados quince o veinte minutos empiezo a sentir dolorcillo, pero un dolorcillo asumible por lo que sigo con la misma cadencia de entreno, unos minutos mas y el dolor se va acentuando, es un dolor que no me impide correr pero no debería ser tan intenso, aguanto unos cincuenta minutos y compruebo por mi mismo que tengo que seguir esperando y continuar con la bici que me va muy bien.
En fin me he llevado un buen disgusto, pero tenia que probar, tampoco dramatizo el tema tengo un sustituto de la carrera que me encanta, cuanto mas descubro esto del ciclismo mas me gusta, por lo tanto veré como me recupero del dolorcillo e iré actuando en consecuencia.
He coincidido en el entreno con Ángel y “Pepe trenes”, todo han sido parabienes y nos hemos echado unas risas contando anécdotas y cosillas propias de entrenos y lesiones, que moral tenemos. Vale.


