He amanecido con el pie que no sabía si lo que tenía era un pie o un artilugio puesto ahí para doler, hasta que lo he calentado no ha pasado a ser mi pie, tenía preparada hoy una ruta hasta Chinchón, por lo que antes que el sol se empiece a espabilar tengo que preparar “la gorda” y coger camino.
Me encamino hasta la vega del Tajuña a la busca del camino de Chinchón, el camino es fácil encontrar y seguir durante kilómetros, pero tiene contrariedades como que hay que salir para hacer algún tramo a la carretera y de nuevo al camino, en estos pequeños tramos he tenido la oportunidad de sentir el riesgo que conlleva circular con una bici por la carretera, aunque tú te esfuerces por pegarte a la derecha siempre estará el conductor que pasara lo más cerca posible de ti, pasa como si tu no circularas por el sitio, como si tu no fueras nada, coño…. soy un ser humano que circula por la carretera con los mismos derechos que el que va en su bólido, camión o furgoneta, solo pido respeto y un poquito de sensibilidad.
Como tengo que andar buscando el camino acabo por otros caminos que no me llevan a ningún sitio, algunos merecen la pena como este de los álamos que he puesto abajo, me ha impresionado cuando he tenido que rodar por él, al fondo tenia sorpresa pero me la guardo.
Desde el fondo del valle en el monte que sube de frente se ve un camino ancho que reconozco, me dirijo hacia él y subo hasta la cumbre, me lleva hasta vía Galiana, solo tengo que seguirla y me lleva hasta Titulcia, el descenso hasta el pueblo está un poco complicado por las rieras que tiene el camino, es divertido, aunque tampoco corro muchos riesgos, en el pueblo están de fiesta y me quedo un rato por el sitio, aunque a esas horas apenas hay gente, solo feriantes desperezándose y limpiando.
Me dirijo hasta el fin de mi ruta completando unos sesenta kilómetros, en otra ocasión trataré de llegar a Chinchón, procurando encontrar el camino bueno. Vale.
