Una mañana desapacible, viento, lluvia, frio y pocas ganas de salir, durante buena parte de la mañana he andado runruneando y mirando el ambiente para ver cómo evolucionaba, Duna ha tenido la culpa que cerrara el raciocinio y me decidiera a tirar para el monte, llover sabía que no iba a llover, corría viento fuerte y esto hace que las nubes vuelen y se lleven las aguas a otras partes, además que secan los caminos rápido, rápido.
Salimos ya tarde pero con el propósito de hacernos ya de una vez los catorce kilómetros que van a ser la base de nuestro entrenamiento, durante tiempo iremos rodando sobre esta distancia y cuando coja la forma definitiva a meter calidad y volver por nuestros fueros, eso espero al menos.
Vamos rodando bien, el camino y los senderos están blandicos, el barro no se pega, el viento está haciendo su trabajo, me he puesto el chubasquero pero me va sobrando, el pie va respondiendo bien, alguna que otra vez siento punzadas pero no me preocupan, le voy diciendo a Duna que no se meta por los charcos y va haciendo caso, si no tendremos que dar explicaciones.
Entretenido en todo esto y otros pensamientos que van ocupando mi cabeza, observo como Duna se pone en alerta mirando hacia una zona pantanosa que se suele anegar de agua cuando llueve y bastante poblada de juncos y otros hierbajos, un hermoso zorro ha salido de entre la vegetación, va corriendo en paralelo a nosotros, trato de calmar a Duna, pero ambos siguen sus instintos naturales, Duna ve una presa y el zorro un enemigo, ambos empiezan a correr uno tras el otro y en un momento determinado el zorro se sube al camino, para darle más facilidades al enemigo, yo a todo esto desgañitándome para llamar la atención de Duna, ella cada vez más cerca del zorro y encima este ve como escapada que a la izquierda queda el monte abierto, pero sin ver la alambrada que circunda todo el camino y allí que ha ido a estamparse, aquí ya veía que Duna se abalanzaba hacia una pelea cruenta entre ambos, Duna ha debido sentir mi desesperación en el grito que le he pegado y se ha parado en seco, a regañadientes se ha vuelto hacia mí, el zorro se ha recuperado de su trastazo y ha desaparecido, mientras yo a Duna dándole la charla sobre la protección de la naturaleza y sus animales, ella poniendo cara de no entender nada.
Tras el incidente seguimos centrados en el entreno, hace frio pero me siento bien, cada vez voy mejor aunque todavía mis pulsaciones suben con facilidad, de vez en cuando siento las dichosas punzadas pero sigo sin problemas, los primeros siete kilómetros treinta y siete minutos, ahora damos la vuelta y el viento nos pega de frente, además siempre se va en subida aunque no muy pronunciada, al final del trayecto sí que me siento más condolido, pero bueno, entraba en las previsiones, al final una hora dieciséis minutos y ciento cincuenta y cinco pulsaciones de media, muy alto para el ritmo que hemos llevado, Duna, entera. Vale.

