Esta tarde hacia frio, pero necesitaba sacudirme la vaguez que se estaba adueñando de mi, los días de frio los he pasado cerca del fogón atizando el fuego del puchero, metafóricamente hablando, claro, las necesidades antiguas se han convertido en caprichos actuales, difíciles de conseguir, sentía unas ganas inexplicables de salir corriendo, son las cinco cuando salgo de casa dirección oeste, hacia los montes que se visten de pinos, como el inicio es por la ciudad tengo que prescindir de Duna y mira que lo siento.
El circuito desde el principio es todo subida lo que significa que enseguida me pongo a sudar como si la temperatura fuera veraniega, una vez que sales del casco urbano te vas introduciendo en caminos que bordean pinares bastante frondosos, las cuestas se me están dando bien, los pies no me dan problemas de ningún tipo, esto me sorprende, llevo años sin saber lo que es estar sin dolores, no sé porque, pero me siento muy bien, compruebo que puedo correr como quiera y cuanto quiera, me tengo que controlar para no disparar el entreno, deben ser estos días de descanso que han hecho su efecto, hoy estaba para competir, al menos mentalmente, los estados de ánimo son fundamentales en todo.
Los últimos cinco o seis kilómetros son casi todos cuesta abajo, me siento peor bajando que subiendo, la noche se me está echando encima y como veo menos que “un pez en una merendera”, tengo que medir las pisadas para evitar piedras y terrones del camino, el camino está marcado por los tacos de ruedas de tractor que recientemente han abierto los barbechos para fecundar la tierra con la sementera, bajo rápido hacia la ciudad ya iluminada, no veo mi pulsímetro pero sé que llevo buen ritmo, al final han sido catorce kilómetros en un tiempo de una hora dieciséis minutos, con los tramos de subida no está mal.
El viernes entrené con “la liebre zamorana”, tenía ganas de disputa dialéctica, lo primero que le recuerdo es la retirada en su última media maratón y la vergüenza que me hizo sentir, aquí ya pude apreciar que estaba afectado y no quise seguir guiscandole en las heridas, dice que está lesionado, que siente dolor en el isquiotibial y el médico le ha dicho que puede ser artrosis, reuma o no sé cuantas majaderías mas, afligido me pregunta, -Jesús, tú crees que llegaré a ser el que fui, me tuve que reír con ganas y le digo que todo es debido a sus gestos rítmicos en los bailes de salón y sus posturas imposibles, otras risas desmesuradas. Hoy fue al traumatólogo y le dice que tiene tensionado el isquiotibial, posiblemente de no estirar bien, estoy cansado de repetírselo pero le da igual, tenemos tema para rato. Vale.
![]()
fuenalvaro
Bueno, Jesús, veo que a pesar del frio glaciar vosotros seguís con vuestras cositas...Te encuentro fenomenal y me alegra.Espero que no os congeleís por esos campos de Dios y con estas nevadas...días de chimenea, libro o buena conversación....
Muchos besos.